Una plataforma completa
Clientes, expedientes, productos y el trabajo del día en un solo lugar. Todos los equipos de la institución trabajando sobre el mismo expediente, cada uno viendo lo que le corresponde.
Infatria construye y opera las plataformas con las que trabajan mutuarias, bancos y originadores de crédito. Un core completo de clientes, expedientes, productos y trabajo diario — y, cuando el negocio no cabe en un producto, lo escribimos a medida.
En tus servidores, o nos hacemos cargo nosotros de la infraestructura y la operación. Tú te dedicas al negocio.
La mitad del calendario de un crédito la manejan contrapartes que no tienen API. Ahí es donde trabajamos.
Nacimos dentro del grupo Credibid, con una mutuaria como primer usuario. Eso significa que el producto se escribió mirando expedientes reales, con plazos reales y contrapartes que no contestan el teléfono. No es un ERP genérico al que le pusieron un módulo de créditos.
Clientes, expedientes, productos y el trabajo del día en un solo lugar. Todos los equipos de la institución trabajando sobre el mismo expediente, cada uno viendo lo que le corresponde.
Cuando el proceso no cabe en un producto de estante, lo escribimos. Motores de decisión, integraciones con el ERP, portales, migraciones de historia y automatización de lo que hoy se hace en planilla.
Migración de la historia, puesta en marcha, soporte y mantención. Y si prefieres, también la infraestructura: nosotros operamos servidores, respaldos y actualizaciones, y tu equipo se dedica al negocio.
Desde que entra el negocio hasta que el crédito termina de pagarse, todo vive en el mismo lugar: las partes, los documentos, los hitos y quién hizo qué. Nadie tiene que armar la historia juntando correos, ni cambiar de sistema a mitad de camino.
Toda la información del crédito en un solo registro, con su bitácora. Preguntar «en qué va» deja de ser un correo y pasa a ser abrir una pantalla.
El trabajo se reparte por rol y por permiso: cada persona entra a lo que le toca, sobre el mismo expediente, sin ver lo que no le corresponde.
Qué se hizo, quién lo hizo y cuándo. Es lo que se necesita cuando llega la auditoría, el fiscalizador o una reclamación del cliente.
Cada institución enciende los módulos de su operación. Lo que no contrata no aparece: ni en gris, ni con candado, ni con un aviso de venta.
Un crédito hipotecario no se demora porque el software sea lento. Se demora porque el banco alzante no responde, porque el estudio de títulos todavía no entrega el informe, porque falta una firma en la notaría.
Nadie puede automatizar esas contrapartes: no tienen API, son oficinas y personas. Lo que sí se puede es hacerlas visibles — y convertir la espera en una tarea con dueño, plazo y alerta.
El negocio más antiguo esperando el alzamiento de la hipoteca.
Esperando el informe para poder pasar a firmas.
nIA es el agente de Infatria. Está en cada pantalla, con la cara que corresponde: cuando algo se traba, cuando un negocio avanza, cuando una página no existe. No es un chatbot pegado encima — sabe qué estás mirando y responde con los datos de tu cartera.
El operador trabaja en el backoffice; el cliente entra por el portal web o por la app, y ve exactamente lo mismo que la institución tiene registrado. Una sola fuente de verdad, tres formas de mirarla.
Estas pantallas son el look and feel. En cada instalación las tres superficies llevan la marca de la institución: su logotipo en el riel del backoffice, y su nombre y su logo corporativo en el portal web y en la app del cliente. El deudor entra a la marca de su mutuaria o de su banco, no a la nuestra.
La mesa de trabajo de la institución. Cada área entra a su tablero y a su bandeja, con los negocios que le tocan y el filtro de lo que está vencido, bloqueado o por vencer.
El deudor entra con su RUT y ve su deuda según plan, su próxima cuota, el plan completo de capital e intereses y sus documentos para descargar.
La misma información del portal, en el teléfono. Pensada para lo que el cliente realmente hace desde el celular: mirar cuánto debe, cuándo paga y bajar un certificado.
No todas las instituciones necesitan el core completo. Algunas necesitan una pieza: conectar el ERP, migrar veinte años de historia, automatizar el informe que hoy se arma a mano. Ese trabajo también lo hacemos, con el mismo equipo que construyó la plataforma.
Traemos la información acumulada del sistema anterior, conciliada y verificable, no volcada a ciegas.
ERP contable, firma electrónica, recaudación, informes comerciales, comunicación con el cliente y reporting al regulador.
Motores de decisión, portales, tableros y automatizaciones diseñadas sobre el proceso que la institución ya tiene.
Puesta en marcha, acompañamiento a los equipos y versiones con notas que el área de TI puede leer antes de actualizar.
Son dos formas de tener el mismo producto. La institución elige cuánta infraestructura quiere administrar — y puede elegir no administrar ninguna.
El sistema corre dentro del perímetro de la institución, junto a los sistemas que ya tiene. La base de datos la provee el cliente, con su motor y sus políticas de respaldo, y su equipo de TI la administra.
Nos hacemos cargo completo: servidores, respaldos, monitoreo, seguridad y actualizaciones. La institución no necesita levantar infraestructura ni un equipo de TI para el core — solo se dedica a hacer negocio.
En los dos casos la información es de la institución, y las reglas de negocio propias van en configuración, no en código: por eso una actualización no rompe lo que se personalizó.
El camino a producción es el mismo elijas lo que elijas. Lo que cambia es quién opera los servidores al final.
Recorremos el proceso real: quién hace qué, con qué documento y contra qué contraparte. De ahí sale la configuración, no de un cuestionario.
La base queda sellada con la institución a la que pertenece. Sin ese sello el sistema no opera — es la protección contra restaurar el respaldo equivocado.
Traemos la historia y conectamos lo que ya usa la institución: ERP, firma, recaudación, informes comerciales.
Los equipos entran por área, con nIA acompañando en cada pantalla. Después, soporte y versiones.
La Ley de Protección de Datos Personales entra en plena vigencia en diciembre de 2026. No la vamos a parchar cuando llegue: sus exigencias están en los cimientos del producto, porque el sistema se diseñó sabiendo que iban a aplicar. Nace cumpliendo, no se adapta después — y la institución se ocupa de lo suyo: el tratamiento de los datos de sus clientes y las decisiones de su negocio.
La ley obliga a dejar traza de quién miró qué dato personal y cuándo. En Infatria la bitácora no es una función opcional: es parte del expediente, es inmutable —una corrección es un evento nuevo, nunca una edición del anterior— y se puede consultar, porque un registro que no se puede leer no sirve para responder.
Minimización y retención acotada. El sistema pide y conserva lo que hace falta para operar el crédito, con su base de licitud, y no acumula información «por si acaso» que después haya que explicar.
Acceso, rectificación, cancelación y oposición tienen plazo legal para responderse. Se cumple porque el dato de una persona está localizable en un lugar, no desparramado entre planillas y correos que nadie sabe dónde quedaron.
Cuando la infraestructura la operamos nosotros, cada institución tiene su propia base de datos, no filas compartidas con una columna que las separe. Un filtro olvidado entre dos competidoras no es un error que podamos permitirnos, así que lo hicimos imposible por diseño.
Si estás evaluando cambiar de core, si tienes una pieza del proceso que hoy vive en planillas, o si simplemente quieres ver la plataforma funcionando: escríbenos y coordinamos una demostración sobre datos de demostración, no sobre un video.